:::NOTAS 2011 - 2012:::

 

NOTAS 2011-2012

Al Bat

Mickey Mantle

Por Jesús Alberto Rubio.

Yeap…domingo de relajamiento, con lluvia suave sobre Hermosillo, qué suave…y qué mejor leer el excelentísima colaboración del escritor venezolano, Ricardo Emilio Quero.

Igual, desde mi niñez en Guaymas, Mickey Mantle, uno de mis grandes ídolos de Ligas Mayores.

Pero, mejor disfrute la narrativa de Ricardo Emilia, verá que le gustará sobremanera.

Si la lee deleitándose un cafecito, mejor:

Vamos:

Licenciado Jesús Alberto Rubio, aprovecho la ocasión para enviarle, junto con mis saludos, una reflexión acerca de Mickey Mantle, quien fuera uno de los grandes ídolos en el mundo del beisbol a partir de la segunda mitad de la centuria pasada  y poseedor, con 18, de la marca de más cuadrangulares en Clásicos de Otoño.

“¡Ni que fueras Mickey Mantle!”, era común escuchar replicarle a alguien cuando pretendía hacer alarde de sus condiciones jonroneras.

A Mantle, en series mundiales, le siguen en este departamento bateadores cuyos nombres no necesitan presentación: Babe Ruth (15); Yogi Berra (12); Duke Snider (11); Lou Gehrig y Reggie Jackson (10); Joe DiMaggio, Frank Robinson y Bill Skowron (8).

Los once de Snider, el temperamental jardinero y número 4 de aquellos Dodgers de Brooklyn, constituyen el tope de la Liga Nacional.                   

Haciendo honor a la justicia, basta sólo con formularse una pregunta, que por lo demás ya se la han planteado muchos analistas y seguidores de este pasatiempo: ¿Cuántos jonrones habría conectado el número 7 de los Bombarderos del Bronx si en su época hubiesen existido las series de división?

La respuesta puede estar en un elemental ejercicio matemático.

También  se le considera el jugador que ha dado el home run  más largo en la historia de las grandes ligas. Fue aquel estacazo de 565 pies con que obsequiara a los fanáticos de Washington el 17 de abril de 1953. 

En 1956 se alza con  la triple corona de bateo, y en 1961 protagonizaría junto a Roger Maris aquella legendaria contienda en pos de los 60 vuelacercas de Babe Ruth. Terminó con 54, quedando a la zaga de los históricos 61 de su compañero de equipo.

De haber gozado de buena salud, Mickey Mantle  hubiese celebrado su 80 cumpleaños el pasado 20  de  octubre —había nacido en Spavinaw, Oklahoma, en 1931, en plena época de la Gran Depresión, por lo que la vida no debió haber sido fácil para la familia—.

Pero, paradojas de la vida, hombre de fuerte contextura y poderoso swing, los desarreglos de su vida no le permitieron alcanzar  la longevidad a la que sí llegaron otros contemporáneos suyos; entre ellos aquel que viniera al mundo con apenas unos meses de diferencia y que debutara en la  gran carpa el mismo año en que él lo hiciera, y que está considerado grande entre los grandes del beisbol: Willie Mays.

  Pero además de su adicción por la bebida, se afirma que había   nacido con problemas óseos heredados de su progenitor, quien siendo trabajador minero habría adquirido aquellos gérmenes nocivos que legaría a su después famoso hijo. A lo que se agregaría una grave lesión sufrida al evitar un encontronazo con Joe DiMaggio en una jugada en los jardines en la Serie Mundial de 1951. Y precisamente sería a esta mítica figura cuyo vacío le correspondería llenar en el bosque central de los neoyorkinos.

Conocedores de su vida han expresado que fue gracias a su padre y a su abuelo que  lograría desarrollar la gran fuerza que lo caracterizaría después a la hora de empuñar el madero. Aquél lo llevaría a las minas donde  laboraba para que picara piedras y adquiriera así masa muscular, la cual le ayudaría posteriormente a sacar la pelota del parque con más facilidad.

Igualmente a ellos agradeció el batear  a ambas manos.  Incluso acerca de su nombre, Mickey, voces autorizadas señalan  que fue en honor del gran Mickey Cochrane, un receptor del cual su padre era admirador.

La evidencia de que las enseñanzas de su padre y abuelo surtieron buen efecto es que cuando llegó a los Yankees, no obstante ser un jovencito que apenas sobrepasaba los 20 años, le correspondió llenar el vacío dejado nada menos que por Joe DiMaggio, no habiendo  duda de que cumplió a cabalidad la responsabilidad que le fue asignada. ¿Superó el alumno a su  maestro?

Este hecho podría ser un ejemplo de cómo los progenitores pueden ayudar a sus descendientes a enrumbarse por el camino de la vida. Con una mayoría de padres que inviertan algunos minutos diarios en los asuntos de sus hijos es muy probable que tuviésemos un mundo con una juventud menos desorientada en cuanto al rumbo a seguir. Y aunque esto no sea una garantía absoluta para el alcance de las metas propuestas, es una referencia digna de tomar en cuenta. Al menos en cuanto a su vida deportiva rindió los frutos.

Hay asimismo un detalle que puede servir para mostrar otra faceta de su condición personal: parece ser que a pesar de su figura de ídolo de multitudes y de los rasgos negativos atribuidos, en ocasiones  podía tener gestos de humildad.

Señalo esto porque recuerdo que en un artículo publicado en una inolvidable revista venezolana de los años 60, Sport Gráfico —editada por aquel gigante de la narración llamado Delio Amado León—, Mantle reconoce la superioridad de Willie Mays en el campo de juego. Y este señalamiento no suele ser prenda habitual en todas las luminarias del deporte. 

Es por ello que aquella placa y aquel número 7 que observan los visitantes que acuden al Yankee Stadium son el homenaje a un personaje que, pese a las fallas que pudo haber tenido —errar es de humanos—, llenó toda una época en el beisbol de las grandes ligas, convirtiéndose en uno de los bateadores más poderosos de todos los tiempos, del que existen testimonios de que en los entrenamientos primaverales de 1951, en un campo de la Universidad del Sur de California, soltó un bambinazo que fue a caer a 656 pies del home. ¿O sería acaso un error de medición?

Gracias a la magia de la comunicación global se conoce de la aparición de una biografía en Inglés dedicada a Mantle por la escritora norteamericana Jane Leavy, y que lleva por título  The last boy, que se traduciría en algo así  como “El último muchacho”.  De acuerdo con una pequeña reseña publicada en castellano luce muy interesante.

Se hace referencia allí a lejanos episodios de su niñez los cuales pudieron haber sido influyentes a posteriori en la formación de su carácter y personalidad.   

Es posible entonces que muchas de sus acciones hubiesen estado determinadas por factores cuyas causas precisas sean imposibles de determinar.  Como reza una añeja  expresión popular  de estas tierras: “La procesión se lleva  por dentro”.

Quizás a Mickey Mantle le haya correspondido cargar sobre sus espaldas su propia procesión…

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