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Al
Bat
Mickey Mantle
Por Jesús Alberto Rubio.
Yeap…domingo
de relajamiento, con lluvia suave sobre Hermosillo, qué suave…y qué
mejor leer el excelentísima colaboración del escritor venezolano,
Ricardo Emilio Quero.
Igual, desde mi niñez en Guaymas, Mickey Mantle, uno de mis grandes
ídolos de Ligas Mayores.
Pero, mejor disfrute la narrativa de Ricardo Emilia, verá que le
gustará sobremanera.
Si la lee deleitándose un cafecito, mejor:
Vamos:
Licenciado Jesús Alberto Rubio, aprovecho la ocasión para enviarle,
junto con mis saludos, una reflexión acerca de Mickey Mantle, quien
fuera uno de los grandes ídolos en el mundo del beisbol a partir de
la segunda mitad de la centuria pasada y
poseedor, con 18, de la marca de más cuadrangulares en Clásicos de
Otoño.
“¡Ni que fueras Mickey Mantle!”, era común escuchar replicarle a
alguien cuando pretendía hacer alarde de sus condiciones jonroneras.
A Mantle, en series mundiales, le siguen en este departamento
bateadores cuyos nombres no necesitan presentación: Babe Ruth (15);
Yogi Berra (12); Duke Snider (11); Lou Gehrig y Reggie Jackson (10);
Joe DiMaggio, Frank Robinson y Bill Skowron (8).
Los once de Snider, el temperamental jardinero y número 4 de
aquellos Dodgers de Brooklyn, constituyen el tope de la Liga
Nacional.
Haciendo honor a la justicia, basta sólo con formularse una
pregunta, que por lo demás ya se la han planteado muchos analistas y
seguidores de este pasatiempo: ¿Cuántos jonrones habría conectado el
número 7 de los Bombarderos del Bronx si en su época hubiesen
existido las series de división?
La respuesta puede estar en un elemental ejercicio matemático.
También se le considera
el jugador que ha dado el home run más
largo en la historia de las grandes ligas. Fue aquel estacazo de 565
pies con que obsequiara a los fanáticos de Washington el 17 de abril
de 1953.
En 1956 se alza con la
triple corona de bateo, y en 1961 protagonizaría junto a Roger Maris
aquella legendaria contienda en pos de los 60 vuelacercas de Babe
Ruth. Terminó con 54, quedando a la zaga de los históricos 61 de su
compañero de equipo.
De haber gozado de buena salud, Mickey Mantle hubiese
celebrado su 80 cumpleaños el pasado 20 de octubre
—había nacido en Spavinaw, Oklahoma, en 1931, en plena época de la
Gran Depresión, por lo que la vida no debió haber sido fácil para la
familia—.
Pero, paradojas de la vida, hombre de fuerte contextura y poderoso
swing, los desarreglos de su vida no le permitieron alcanzar la
longevidad a la que sí llegaron otros contemporáneos suyos; entre
ellos aquel que viniera al mundo con apenas unos meses de diferencia
y que debutara en la gran
carpa el mismo año en que él lo hiciera, y que está considerado
grande entre los grandes del beisbol: Willie Mays.
Pero además de su
adicción por la bebida, se afirma que había nacido
con problemas óseos heredados de su progenitor, quien siendo
trabajador minero habría adquirido aquellos gérmenes nocivos que
legaría a su después famoso hijo. A lo que se agregaría una grave
lesión sufrida al evitar un encontronazo con Joe DiMaggio en una
jugada en los jardines en la Serie Mundial de 1951. Y precisamente
sería a esta mítica figura cuyo vacío le correspondería llenar en el
bosque central de los neoyorkinos.
Conocedores de su vida han expresado que fue gracias a su padre y a
su abuelo que lograría
desarrollar la gran fuerza que lo caracterizaría después a la hora
de empuñar el madero. Aquél lo llevaría a las minas donde laboraba
para que picara piedras y adquiriera así masa muscular, la cual le
ayudaría posteriormente a sacar la pelota del parque con más
facilidad.
Igualmente a ellos agradeció el batear a
ambas manos. Incluso
acerca de su nombre, Mickey, voces autorizadas señalan que
fue en honor del gran Mickey Cochrane, un receptor del cual su padre
era admirador.
La evidencia de que las enseñanzas de su padre y abuelo surtieron
buen efecto es que cuando llegó a los Yankees, no obstante ser un
jovencito que apenas sobrepasaba los 20 años, le correspondió llenar
el vacío dejado nada menos que por Joe DiMaggio, no habiendo duda
de que cumplió a cabalidad la responsabilidad que le fue asignada.
¿Superó el alumno a su maestro?
Este hecho podría ser un ejemplo de cómo los progenitores pueden
ayudar a sus descendientes a enrumbarse por el camino de la vida.
Con una mayoría de padres que inviertan algunos minutos diarios en
los asuntos de sus hijos es muy probable que tuviésemos un mundo con
una juventud menos desorientada en cuanto al rumbo a seguir. Y
aunque esto no sea una garantía absoluta para el alcance de las
metas propuestas, es una referencia digna de tomar en cuenta. Al
menos en cuanto a su vida deportiva rindió los frutos.
Hay asimismo un detalle que puede servir para mostrar otra faceta de
su condición personal: parece ser que a pesar de su figura de ídolo
de multitudes y de los rasgos negativos atribuidos, en ocasiones podía
tener gestos de humildad.
Señalo esto porque recuerdo que en un artículo publicado en una
inolvidable revista venezolana de los años 60, Sport
Gráfico —editada por
aquel gigante de la narración llamado Delio Amado León—, Mantle
reconoce la superioridad de Willie Mays en el campo de juego. Y este
señalamiento no suele ser prenda habitual en todas las luminarias
del deporte.
Es por ello que aquella placa y aquel número 7 que observan los
visitantes que acuden al Yankee Stadium son el homenaje a un
personaje que, pese a las fallas que pudo haber tenido —errar es de
humanos—, llenó toda una época en el beisbol de las grandes ligas,
convirtiéndose en uno de los bateadores más poderosos de todos los
tiempos, del que existen testimonios de que en los entrenamientos
primaverales de 1951, en un campo de la Universidad del Sur de
California, soltó un bambinazo que fue a caer a 656 pies del home.
¿O sería acaso un error de medición?
Gracias a la magia de la comunicación global se conoce de la
aparición de una biografía en Inglés dedicada a Mantle por la
escritora norteamericana Jane Leavy, y que lleva por título The
last boy, que se
traduciría en algo así como
“El último muchacho”. De
acuerdo con una pequeña reseña publicada en castellano luce muy
interesante.
Se hace referencia allí a lejanos episodios de su niñez los cuales
pudieron haber sido influyentes a posteriori en la formación de su
carácter y personalidad.
Es posible entonces que muchas de sus acciones hubiesen estado
determinadas por factores cuyas causas precisas sean imposibles de
determinar. Como reza
una añeja expresión
popular de estas
tierras: “La procesión se lleva por
dentro”.
Quizás a Mickey Mantle le haya correspondido cargar sobre sus
espaldas su propia procesión… |